Tecnología y Talento ·

Donde la IA no llega: el nuevo ADN del talento

En un escenario donde la tecnología y la IA están al alcance de todos, el verdadero factor diferenciador deja de ser técnico y se vuelve profundamente humano.

Cuando hace un par de años irrumpió con fuerza la IA, el debate se concentró principalmente en una pregunta -y temor-: ¿reemplazará a los trabajadores? Hoy, la evidencia muestra que el desafío es otro. El verdadero quiebre no está en el reemplazo, sino en la capacidad de las personas y las organizaciones para adaptarse al cambio.

Un estudio de Microsoft Research (2025), “Trabajar con IA: Medir la aplicabilidad de la IA generativa a las diferentes profesiones”, encontró que la IA más que reemplazar trabajos, sustituye tareas específicas dentro de ellos. “Las actividades más comunes que la propia IA realiza son proporcionar información y asistencia, escribir, enseñar y asesorar” señalan.

El paradigma, entonces, es otro: la IA no está destruyendo trabajos, está reconfigurando habilidades y roles, y tal como ha ocurrido en otras revoluciones tecnológicas, desaparecen ciertas funciones, pero emergen nuevas formas de trabajo.

En este contexto es que empieza a instalarse una nueva forma de alfabetización profesional, en la que desarrollar habilidades más sutiles —y muchas veces invisibles— permiten trabajar mejor con inteligencia artificial, como: formular buenas preguntas o instrucciones (lo que se conoce como prompt), el criterio para evaluar los resultados y la disciplina para validar la información antes de utilizarla.

El verdadero riesgo, entonces, ya no es tecnológico, sino competitivo. Y es que ya no basta con la experiencia acumulada o el conocimiento técnico. Hoy cobra cada vez más relevancia la capacidad de aprender rápido, adaptarse a nuevas herramientas y, sobre todo, integrar la inteligencia artificial de manera estratégica en el trabajo.

Para las organizaciones esto también plantea un desafío relevante en sus procesos de contratación. Evaluar talento hoy requiere ir más allá del currículum. Implica entender cómo piensan los candidatos, cómo enfrentan problemas y cómo utilizan —o no— las herramientas disponibles para mejorar su desempeño. En un entorno donde muchos pueden apoyarse en IA, el diferencial sigue siendo profundamente humano: el criterio. Sin criterio, la IA amplifica errores; con criterio, potencia el talento.

En esa línea, un estudio reciente de McKinsey & Company plantea que “el simple hecho de poner una nueva tecnología en manos de las personas no garantiza que la utilicen de manera eficaz, ni cambia profundamente la forma de trabajar de una empresa”. Por lo mismo, dicen, los líderes deben aplicar un nuevo enfoque de gestión del cambio que movilice a sus empleados. “Este no es un proceso lineal. La gestión del cambio en la era de la IA generativa exige que los empleados se conviertan en participantes activos, en lugar de simples usuarios. Les pide que experimenten, co-creen productos y se comprometan con el desarrollo continuo de sus habilidades”.

Comprendemos que la discusión no gira en torno a si la IA piensa, sino si puede participar en procesos de producción de significado, coordinación social y comunicación.